¿Media naranja o zumo?

A menudo se habla de la pareja, pero pocas veces de cómo ésta se inicia. Hay dos maneras de explicar cómo esta pareja se forma y como ésta se entiende. En función del modelo que seguimos, o sea, en función de como nosotros entendemos la pareja, tendremos un tipo de relación u otro.

La media naranja. La pareja es el complemento que necesita una persona, aquello que le falta para sentirse completa. Éste es el tipo de relación que se representa y se simboliza en todos los cuentos de príncipes y princesas donde la princesa es rescatada y encuentra su auténtico amor.

No te necesito pero quiero estar contigo. Dos naranjas que no se necesitan deciden compartir parte de su vida pero manteniendo también su individualidad. Si lo simbolizáramos con dos naranjas, con ellas haríamos un zumo que contendría una parte de los dos.

A partir de aquí, y en función de la idea que tenemos de nosotros mismos, buscaremos a alguien que cubra las nuestras carencias o alguien con quien compartir lo que somos.

En este sentido, hay que tener en cuenta que si buscamos a alguien para completar nuestras carencias es mucho más fácil que nos instalemos en relaciones de dependencia donde hay una desigualdad de poder. Y es que, si uno necesita al otro, éste otro podría hacer un mal uso de esta necesidad y frenar el crecimiento personal de esta persona. Por otra parte, si buscamos a alguien con quien compartir lo que somos nos encontraremos con relaciones de igualdad. Aunque haya diferencias de personalidad, ninguno de los dos necesitará al otro y, por lo tanto, nunca habrá una relación de desigualdad o de dependencia.

ENAMORAMIENTO NO ES AMOR
Lo cierto, sin embargo, es que la mayoría de veces no nos planteamos tantas cuestiones. Simplemente nos enamoramos, empezamos a salir y, al cabo de un tiempo, si la relación funciona, nos casamos o nos vamos a vivir junto y, si lo queremos, tenemos hijos. Eso lo hacemos sin pensar con qué tipo de persona podemos tener una buena vida, es decir, qué personalidad, emocionalidad o manera de hacer queremos que tenga.

Quizás por eso siempre que hablo de este tema  me encuentro con el comentario de “¡Uff! ¡Lo que me estás explicando es muy frío, lo que importa es el amor!” Pero el amor y el enamoramiento son diferentes: el enamoramiento te ciega y dura poco tiempo, y el amor implica una aceptación del otro TAL CUAL ES.

Por eso es necesario que cuando nos enamoramos nos plantemos algunas cuestiones, para poder decidir si este enamoramiento puede o no convertirse en amor. De esta forma evitaremos pasar por situaciones que nos hagan sufrir cuando la relación no funcione. La mayoría de personas tienen una idea muy clara del tipo de vivienda donde les gustaría vivir, pero pocas personas se han planteado lo mismo sobre una pareja más allá del enamoramiento. Pero debemos tener en cuenta que el enamoramiento es breve y que, si seguimos la relación por inercia, al final se nos plantearán una serie de cuestiones como:

¿Qué valoro del otro?
¿Puedo aceptarlo tal cual es?
¿Tenemos suficientes cosas en común?
¿Nuestro proyecto es compartido?

La mayoría de estas dudas se plantean cuando la relación no va bien pero sería mucho más sano formulárnoslas antes. Tenemos que valorar qué pasará si el enamoramiento se convierte en amor. Es decir que tipo de relación mantendremos con esta persona si seguimos adelante.

Marina Castro
Terapeuta sexual y de pareja
www.marinacastro.com

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